Historia de la leyenda negra contemporánea

Publicado: 28 enero, 2013 en Nacional
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España siempre ha sido un país curioso. Acomplejado. Que se ha mirado a las entrañas con tanta frecuencia que no encuentra más que indolencia en sus conclusiones posteriores. Que un inglés a la vergüenza ajena le llame “Spanish shame” no es una cuestión arbitraria. Ni mucho menos. Si con una mano Isabel de Castilla extendía a sus hombres hasta territorios ultramarinos, con la otra Montesinos aguantaba su alma clamando con su voz en el desierto. Sin ver la mano de Dios en el trato a los indígenas. Pero tampoco es un concepto alejado del designio humano el de Leyenda Negra. Puesto en boca de los italianos, e incluso alemanes o franceses para menospreciar al Imperio Español del siglo XVI.

Envidia, tirria, quina… pero cuando una potencia es juez y parte en la dirección de un grupo de naciones siempre se siente señalada, excluida y machacada por la prensa y/o la opinión pública del momento. Sucedió, sucede y sucederá. Forma parte del instinto del ser humano el tratar de purgar su propia conciencia ensanchando y demonizando los achaques del vecino. A Estados Unidos le ocurre exactamente lo mismo. Con una vigorosa y perpetua condena a sus intenciones en el ámbito internacional de libertades duraderas o tormentas desérticas. O incluso a sus cuestiones de índole doméstico como la legislación con respecto a las armas, la desigualdad social, la cobertura de los seguros médicos, etc… que caen en la cuenta de algún líder populista de turno con el dedo acusador al capitalismo financiero y cultural salvaje, que aplasta con la excusa de la  multiculturalidad cualquier peculiaridad identitaria del tipo que sea. Por supuesto todo maniobrado por el Tío Sam y sus secuaces.

En la Unión Europea, el fenómeno se ha extendido por todo el Mediterráneo hasta desembocar en el Atlántico. Grecia, Italia, España, Portugal… han encontrado en la siempre constante Alemania su derecho al pataleo. Merkel se convierte en el nuevo chivo expiatorio, y es objeto de mofa en las manifestaciones, de chascarrillos varios, y de comparaciones tan odiosas como alejadas de la realidad con el propio Adolf Hitler. Y como toda persona necesita de otra para escudriñar sus torpezas aquí no íbamos a ser menos. En este patio de vecinos llamado España hemos encontrado en varias de las viviendas a los perfectos inquilinos culpables de todo. De esos malos malosos que ni pagan la comunidad ni dejan el felpudo como estaba. Y ahí están perfectamente dibujados el presidente del Gobierno español junto a la pequeña y sobria Angela Merkel.

RAJOY MERKEL

RAJOY MERKEL

Y no voy a ser yo el que excluya de culpa a tan meritorios sospechosos. Pero ellos no son más que los síntomas de la verdadera enfermedad. Nosotros. La sociedad. España ha cercenado la democracia con derroches voluptuosos que no solo escondían obras públicas al más puro estilo faraónico, sino la connivencia con las corruptelas en muchas de nuestras ciudades. Muchos reían desde el Levante cuando observaban a Jesús Gil hacer y deshacer en la costa marbellí, lo que luego se demostró fue una estafa democrática de dimensiones grotescas. Gurtel pareció ser la punta del iceberg de la cuestionada financiación del Partido Popular en España, pero ¿nadie escuchó en la calle eso de por dos trajes?. Reeleción y mayoría absoluta para la cúpula de la comunidad valenciana puesta en solfa por las investigaciones. Hasta Felipe González se desayunaba con los oscuros vaivenes de su partido, que siempre conocía por la prensa. Y tras las elecciones del 93 volvió a levantarse con una nueva victoria.

Un cáncer bien arraigado en nuestras entrañas. De esos que solo el bisturí de la educación y la ética puede resolver y extirpar. Los derroches nos maravillaron, nunca nos llegaron a preocupar lo más mínimo. Sólo cuando vimos que la metástasis llegó hasta nuestro particular paraíso de hipoteca, casa y coche vimos nuestro trasero peligrar. Y es ese egoísmo vital que nos corroe hasta el tuétano del que hay que huir. Mirarnos bien hacia dentro. Cuanto antes encontremos el problema, antes le podremos administrar esa solución tan esperada. Mientras, sálvese quien pueda o quiera.

Caso SOBREseído.

*. Imagen tomada de la portada de la revista satírica EL JUEVES.

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