Historia de un silencio prolongado

Publicado: 15 febrero, 2013 en Medios
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Ahí está. Sobre el escritorio. Donde debe estar. Con la aleta abierta, para que pueda reposar y permanecer dispuesto a ofrecer lo mejor de sí. Un trozo de la Historia reciente ha pasado por su altavoz. Es ese viejo transistor.

Como toda historia, el comienzo de mi arraigo sentimental tiene un porqué. Es el único objeto que guardo de mi abuelo. Mi herencia. Lo recuerdo con sus dedos rugosos surcar el dial.  Escuchar el tablero deportivo de Juan Manuel Gozalo, estar pendiente de completar su quiniela semana a semana, a ver si algún día conseguía escapar de la miseria. Refunfuñar de las noticias políticas que azotaban a la España de los 90. Y tras haber sufrido en sus carnes una Guerra Civil, observar con dolor la violencia y los atentados de ETA que dieron el vuelco al corazón a España durante tantas y tan funestas décadas.

Cuando mi abuelo murió en febrero del 97, y me quedé con la vieja radio,  ésta dejó de funcionar. La dejé encima de una estantería. Apesadumbrado por tan repentino silencio. Esperando un momento de magia que le devolviera la vida. Tras un riguroso luto de unos meses, la luz del On volvió a encenderse. Siempre trataba de hacerla arrancar sin ningún resultado. Pero hasta aquel día. Y fue precisamente en julio del 97. Pude seguir minuto a minuto el angustioso secuestro de Miguel Ángel Blanco. Una lágrima recorrió mi mejilla aquella terrible madrugada en la que se confirmó su muerte. Conmovido por aquella tragedia, decidí dejarla reposar por aquella noche.

La resurrección del transistor me devolvió algo de esperanza, como si mi abuelo quisiera poder seguir regalándome minutos inolvidables. La historia que sigue es mi propia biografía como oyente de radio. De como sucedieron tantos momentos brillantes con Guillermo Fesser y Juan Luis Cano, compañeros casuales durante mis años de mi facultad en aquellos terribles madrugones. Siempre mordiéndome la lengua, para no reír en la calle sólo y parecer un loco cuando le regalaron un bolígrafo Bic a un ministro indio por un olvido. O el instante en que fueron los periodistas que más cerca estuvieron de hablar con Pinochet en los días en que Garzón reclamaba su extradición. Tampoco puedo olvidar el debate sobre el estado de la nación del incombustible Luis del Olmo. También intensas tardes escuchando el fútbol en Carrusel Deportivo con  la inolvidable voz de Pepe Domingo Castaño, sin la que la Liga nunca sería igual.  Ni olvido las tertulias políticas que me han acompañado, y que me han hecho en un afán de comparar información, viajar desde la Ser hasta la Cope, pasando por Onda Cero… de tener las orejas bien abiertas con los editoriales de Iñaki Gabilondo. De la independencia de Carlos Alsina. De la contundencia de Carlos Herrera o la mirada de Ángels Barceló. De dejarme seducir por la profesionalidad inigualable de Julia Otero…  de haber vivido varios cambios de gobierno, guerras en Oriente Medio, casos de corrupción, la caída de las Torres Gemelas o hasta un perdón real. Siempre analizado por el bisturí del sonido analógico de esta vieja radio, que hace unos meses, decidió descansar.

Seguiré probando a ver si vuelve a encenderse. A ver si sigue ofreciéndome esa biografía imprescindible,  contándome a su manera su propia historia y la nuestra con mayúsculas.

Gracias por seguir haciendo de ese transistor una pieza insustituible en mi vida, abuelo. Tu silencio prolongado se me habría hecho demasiado largo sin él.

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