Historia de una fidelidad

Publicado: 16 marzo, 2013 en Otras categorías
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Fue hace sólo unos años. Tuve la inmensa suerte de compartir con Keith, un septagenario aficionado del Nottingham Forest, un viaje de autobús. Un hombre arraigado en el City Ground, anclado fielmente detrás de la portería de la grada que da al río Trent. Acudió en mi rescate en la parada para ayudarme a elegir la línea de autobús correcta que llegaba al estadio. Le dijo al chófer que iba a ver el partido contra el Bristol. Orgulloso de que un extranjero estuviera interesado en ir a un partido de fútbol de su histórico equipo.

En aquellos veinte minutos él me contó decenas de historias del fútbol británico. La moda de los jugadores españoles en el Liverpool, su visión de Mourinho, y por supuesto, como vivió la brillante etapa que Bryan Clough coronó con dos Copas de Europa. Había vivido la etapa más exitosa que haya vivido un club europeo en las últimas décadas. Un equipo que arrasaba Europa y que lo hacía de manera efectiva, soberbia y porqué no decirlo, bella. Por aquellas jornadas de marzo, yo, trataba de tranquilizarle al respecto de la situación en la tabla del Forest. Le comentaba, que mi propio equipo estaba desahuciado de toda salvación en la temporada anterior, pero que gracias a la unión de afición, plantilla y entrenador -un señor llamado Esteban Vigo- se salvaron los muebles de manera heroica. También le conté que el equipo iba líder en la Segunda División, y que ese año parecía que teníamos un bloque fuerte para ascender por primera vez en nuestra historia a Primera División. Jugaba el Forest frente al Bristol, la misma jornada que lo hacía el Xerez contra el Hércules. Del ambiente o del partido de fútbol podría decir mucho. Las decenas de niños recaudando dinero para su escuela de fútbol y unos espectadores que alentaban durante los 90 minutos de manera incansable. Un ambiente muy distinto al de nuestro fútbol. Ni mejor ni peor, simplemente diferente.
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Pero lo que más me llamó la atención, es esa conversación entre aquel viejo hombre y yo. Como pudimos entablar simpatía en torno al fútbol. Contando historias que bien podían haberse alargado meses, o incluso años. Es el fútbol. Y no hablo de tal como deporte, sino de la forma de vida que lleva implícita. Al fin y al cabo, es como el escenario de una novela. Mi infancia, desde las séis años, la recuerdo en las gradas de Chapín junto a mi padre. Recortando papelillos, pintando pancartas de ánimo o simplemente gritando gol con nuestras ocasiones. Fases de ascenso a Segunda División en los 80, el día en que el Xerez eliminó al Athletic en la Copa del Rey. La consolidación del equipo en Segunda, de la mano de un Schuster hasta entonces desconocido en los banquillos. Y decenas de jugadores, que por correr riesgo de omisión no voy a enumerar, pero quien haya pasado esos años, sabe bien quienes son. Recuerdos, charlas intrascendentes, al fin y al cabo, si el estadio tuviera una cámara en mi asiento, podría hacer un recorrido por las fotografías de mi biografía.

Puede que haya quien no lo entienda, pero no se trata de fútbol. Sino de lo que vives con él. Un club con cerca de 70 años de historia inmerso en 1001 líos institucionales. Preso de algunos piratas que han incautado el botín que han podido hasta dejar menguado lo que ya de por sí estaba traslúcido. Y ahora, con el riesgo evidente de desaparición y de caer al vacío, pienso en como hubiera sido mi vida si el Xerez no hubiera existido. Imagino que habría estudiado lo mismo, habría tenido el mismo futuro laboral y hubiera tenido la misma mujer. Pero el vacío con el que hubiera atendido a las explicaciones de un Keith, con los ojos vidriosos por la emoción de lo que me contaba, me habría arrancado buena parte de mis experiencias vitales.

Al fin y al cabo, que mejor excusa que el fútbol para departir, contar y compartir momentos. Al menos de vez en cuando, para olvidarnos de la inquietante realidad que nos absorbe con ella. Por ello, y por las generaciones venideras, espero que los chicos y chicas del futuro puedan seguir compartiendo su infancia con sus padres en torno a un espectáculo así. Que puedan ir con sus amigos. Crecer, madurar y tener ese punto de encuentro. Esto es para mí el Xerez, mi fútbol.

“En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”    Eduardo Galeano.

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