Una historia de hipocresía

Publicado: 16 abril, 2013 en Medios, Otras categorías
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Acaba de ocurrir y medio mundo está consternado. Y no es para menos. Las imágenes otra vez nos han dejado el legado televisado de una tragedia. Un atentado terrorista de nuevo en pleno corazón de Estados Unidos en el que  un indeseable ha decidido reventar un acto deportivo.

La maratón de Boston es la más antigua de las que se celebran en el mundo. Ciento dieciséis años de incombustibles y eternas historias de superación. De personas que han decidido  exprimir lo mejor de sí mismos y llegar a una meta que significa mucho. Y es que, al fin y al cabo, el paralelismo con la vida es evidente. Llegar a cualquiera de los objetivos vitales que nos marcamos, es resultado de esfuerzo, trabajo y dedicación. Es ese éxito fruto del sudor, del entrenamiento y en ocasiones del dolor el que mejor nos sabe.

En la noche de ayer, en España, se cruzaban datos de unos y otros diarios estadounidenses. Algunos hablaban incluso de doce fallecidos, en lo que al final ha quedado en tres, a la espera de una difícil recuperación para algunos de los pacientes críticos en los hospitales de Boston. Se habla de personas que han perdido extremidades por la dureza de la explosión. Afectados por la onda expansiva que han barrido sus pies sobre el suelo. Y por supuesto, crisis de ansiedad de decenas de seres humanos que vieron como un día en principio festivo se tornaba en el más grisáceo de todos.

Pero lo que no ha dejado de llamarme la atención entre los océanos de tuits, comentarios de periódicos digitales y demás “inteligencia” popular es la ausencia de luto. Quiero decir, para nada se dan al menos veinticuatro horas de reposo a dicho incidente. Enseguida muchos, como Alberto Garzón, han criticado que el altavoz informativo sea diferente en Somalia que en Estados Unidos. Imagino que esa pausa tan conveniente la da la experiencia en política. Al menos, el aprender a respirar dos o tres veces para dedicarse a aporrear teclas a veces de manera compulsiva en Twitter. No creo que el señor Garzón haga estas declaraciones con el ánimo de ofender a las víctimas estadounidenses. Ni lo creo, ni lo espero. No de él, sino de ningún ser humano. Quizás, y eso he de pensar, quería acentuar las desgracias sin micrófono ni televisión que ocurren en Somalia, Siria o allá donde no hay un mísero petrodólar que defender.

Y sin que le falte razón en su enunciado, erra. Y lo hace por la mera causa de los tiempos de maduración. Anoche no había otra cosa que confusión de datos, de víctimas, de españoles que corrían esa maratón, y por supuesto de posibles autorías… se incendiaba la conspiparanoia. Lo hace, porque siendo igual de importante un muerto por atentado en Tokelau o Sierra Leona que en Los Ángeles, Puerto Urraco o el mismo Boston los contextos contienen matices muy diferentes.

Cuando en Afganistán o en Iraq se han multiplicado los atentados terroristas, la noticia, lamentablemente deja de serlo. Se convierte en algo habitual. Obviamente, huelga decir que debemos consternarnos de la misma manera cuando ocurre una injusticia. Pero, tampoco debemos cogérnosla con papel de fumar. Cuando aún humeaban las bombas en Boston, era de una demagogia impagable el hecho de compararlo a cualquier otro atentado.

Es cuestión de ética, de moral. Y eso lo da la pausa, que espero algún día domine Alberto Garzón. Porque al igual que podemos criticar el argumento del “peso” televisivo de cualquier tragedia, también deberíamos hacerlo al respecto de las controvertidas elecciones venezolanas. Llevamos meses caldeando al fallecido Hugo Chávez, a una carrera electoral minada de polémica en Venezuela. Por supuesto, agitada por comentarios de dirigentes políticos españoles, como si aquí no tuviéramos suficiente. Por eso no quiero dejar de terminar con una cuestión. Quizás sea hipócrita la cobertura mediática (que en España además de poco seria fue deficiente) de un acontecimiento  tan grave como el sucedido en Boston en contraprestación con el caso de Somalia. Pero aún lo es más, cuando hay quien pone la atención en las elecciones venezolanas, y no lo hace también en las del próximo fin de semana en Paraguay. Pero quizás allí no estaba Chávez, o la victoria pírrica de la izquierda venezolana para conmemorar.

PD. De este triste acontecimiento, sin duda me quedo con esos corredores que aún aturdidos trataron de cruzar la meta. Afán de superación. Héroes de diario.

MaratonBoston

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