Posts etiquetados ‘aficionado’

Hemos perdido gran parte de la esencia de aquel deporte que a finales del siglo XIX comenzó en nuestra ciudad. El fútbol se consolidó en la primera mitad del siglo XX como la alternativa a un gigante de la diversión y el ocio en España, el toreo. Los toreros simbolizaban el heroísmo romántico, la lucha por la supervivencia y las ganas de medrar de personas que huían de la miseria de un país en triste decadencia. Un hombre como Juan Belmonte, desconfiaba del auge que el balompié comenzaba a tener en España. Y es que, a su manera también ejemplificaba valores como la casta, la valentía y el orgullo de la patria chica. Nosotros, los jerezanos, que siempre hemos sido ciertamente presumidos con nuestra tierra, también fuimos conscientes de las dificultades que los años entrañaban. En los 40, Jerez era una ciudad apesadumbrada, con grandes dificultades para seguir adelante. No eran pocas las crónicas que anunciaban una inminente muerte del Xerez Fútbol Club, pidiendo en un grito de auxilio el apoyo de la masa social jerezana. En aquellos tiempos se traducía en acudir al campo a animar a aquellos talentosos muchachos.

Era otra época, claro. Jerez estaba azuzada por el hambre, la miseria y las ganas de encontrar en la vida social una vía de escape a la política, y porqué no decirlo, a la necesidad. El fútbol como deporte ha cambiado demasiado desde entonces. Se ha profesionalizado, tecnificado, modernizado. Tanto, que no creo que los que jugaban por aquel entonces pudieran reconocerlo hoy día. Como toda evolución ha sufrido una perversión. Hemos adaptado el fútbol al negocio, y éste que no entiende de sentimientos ni de corazón ha buscado en los clientes potenciales el cariño económico que es imposible dar desde la grada de un estadio. Hoy importa más el aficionado que se encuentra en algún poblado de Manchuria hincándole el diente a un pollo con setas mientras grita un gol de Messi o Cristiano, que el propio hincha local. Torturado con horarios, partidos en viernes o lunes, con horarios infumables bajo la premisa de que sin televisión no existiría el fútbol.

Y es una premisa incierta, claro. Si lo es que no habría este fútbol aborregado por la billetera, pero si otro. Entiendo que negocio, espectáculo y deporte van cada vez más cogidos de la mano. Pero viéndolo desde el balcón que nos ha ofrecido Jerez no se puede ni se debe perder la perspectiva. La tirita a la crisis económica que asolaba los clubes de fútbol en los 90 fueron las Sociedades Anónimas Deportivas. Eran un símbolo de modernidad en un fútbol que debía adaptarse a las finanzas que hoy día nos zarandean sin demasiada piedad. Se nos quitó de los labios la posibilidad de rechistar, tan sólo de murmurar o gritar bien fuerte “Salvemos al Xerez”, pero sin voto. Han sido tantos los ríos de tinta que en los últimos ¿veinte años ya? hemos tenido que soportar de Mercedes Benz, caso Malaya, subvenciones otorgadas por entes públicos a clubes en manos de constructores o empresarios de tres al cuarto sin control ni filtro… que nuestro juguete, aquel fútbol de corazón, terminó siendo el de otros. Y ni siquiera la administración de una jueza logró dar con una solución feliz.

Lo quemaron, le dieron la vuelta, trataron de venderlo de nuevo, pero no coló. Deudas que se multiplicaban, futbolistas en paños menores para cobrar dos duros en Interviú, empleados sin cobrar, taquillas de confuso destinatario y  vuelta a empezar. Todo ese proceso no hizo más que carbonizar a una afición dolida, que triste ha decidido darle un castigo al que han considerado exponente de dicha culpa, el hoy presidente (quien sabe si dueño). Bajo la premisa de la máxima “El mayor desprecio es no hacer aprecio”, han dado la espalda a su gestión, tras una larga y continuada lista de sospechosos habituales que han cohabitado demasiado tiempo en las oficinas de Xerez Club Deportivo.

Dicho esto, la decisión de figuras históricas tan importantes como Sixto de la Calle (algún día una grada de nuestro estadio deberá ser bautizada con su nombre como tributo), Antonio Millán o las diferentes peñas xerecistas ha sido ejemplar. Asamblea de abonados, participación democrática y mayoría abrumadora para la puesta en marcha del nuevo club, con todas las esperanzas habidas y por haber. Ilusión, alegría y felicidad. Han conseguido con inteligencia y eficacia darle la vuelta a la tortilla, tomar al xerecismo maltratado de la mano y darle poder ejecutivo. Podremos tomar decisiones erróneas, pero serán las nuestras. El xerecista ha pasado en un verano de ser un simple abonado a ser asociado, se le ha puesto en la tesitura histórica de marcar su propio camino.

Y es ese ambiente que se respira, repleto de ambición, esperanza y ganas de levantar a un club recién nacido el que inspira este artículo. Al fin y al cabo, no deja de ser una metáfora de la inquietante historia reciente de nuestra ciudad. No nos dejamos vencer, sino todo lo contrario, ahora somos más orgullosos si cabe, porque como decía aquel lema “Xerez me duele”. Antes lo llevaba grabado a fuego en el corazón, ahora siento la responsabilidad junto a los compañeros de butaca de Chapín de hacerlo nuestro. No hemos dejado de ser xerecistas, hemos pasado a dirigir nosotros el barco. Sin declaraciones grandilocuentes, sino elocuentes, con una estrategia marcada por un nombre, el de nuestra ciudad, con jerezanos de toda la vida como Carlos Orúe o de adopción como Dani Pendín.

Al resto, al personal que decide seguir yendo a Chapín a ver al Xerez Club Deportivo tan sólo tenderle la mano, porque tarde o temprano seremos lo mismo si así lo desean. Los que deciden amedrentar en unas oficinas, ya sea amenazando al personal o destrozando material, no creo que nunca tengan un hueco en el fútbol romántico de nuestra ciudad. Al igual que tampoco encontrarán su sitio los que esperen lucrarse a costa de las nóminas de los empleados, o persistan con la idea de perpetuar una historia reciente oscura y opaca a partes iguales.

Mientras ahí quedamos, unos soñadores en pleno siglo XXI. Quijotes entre gigantes y molinos, inmersos en océanos de contratos televisivos multimillonarios y comisiones, que tienen la humilde y digna iniciativa de devolver el fútbol a su lugar. Y el ansia de querer remar al son que marquen los corazones de los que verdaderamente aman este deporte, los aficionados. Por ellos, por nosotros, por lo que fuimos, por lo que logramos, por lo que hacemos y lo que seremos, que no nos digan que no lo intentamos.

Suerte a todos en este camino, compañeros.

¡Forza Xerez!


PD. Muchos gigantes han caído, tratemos de seguir superándonos a nosotros mismos para volver a hacerlo.

abril de 1942

Anuncios